El
legado de Caín. Sobre el Sacher-Masoch de Deleuze.
Ricardo Pon
Extraído de:
Litoral Nº
32. Marzo de 2002
Ecole Lacanienne de psychanalyse. Córdoba. Argentina
Es
demasiado idealista... y por eso mismo, cruel.
Dostoiesvky. Humillados y Ofendidos
Referirme
al comentario de Deleuze sobre la obra y también sobre la vida
de Leopold Von Sacher Masoch sugiere su lectura; es más, hace ineludible
el contacto con su obra literaria, invitación que se promueve con
la acertada edición de la Présentation (1)
acompañada de La Venus de las pieles(2).
El nombre présentation mantendría su lógica de comentario-prólogo,
pero ha sido omitida en la edición en español (omisión
que podría generar problemas de lectura, por lo que preferimos
mantener su título original). Es absurdo leerla sola, su lectura
exige recorrer la prolífica producción literaria de Masoch,
genera un vacío que hace evidente algo obvio: los textos de Masoch
están ausentes en las librerías. Un primer efecto se produce:
¿cómo pude o pudimos nombrar, cómo creímos conocer
algo del masoquismo sin haber leído su obra literaria? Un segundo
efecto: cuesta encontrar los puntos de contacto entre la agradable experiencia
literaria de leer a Sacher-Masoch y algunos trabajos que utilizan los
términos masoquismo o sadomasoquismo. Si nos sumergimos en esa
lectura algo nos golpea de inmediato: la crítica que lanza Deleuze
a la pareja sado-masoquista, esa injusta complementariedad, la idea de
opuestos, antitéticos, que literalmente hacen invisibles, opacos,
los matices y las diferencias. ¿Es posible hablar de masoquismo sin
leer a Masoch? ¿Esos textos son comparables con los de Sade?
Ahora bien, si seguimos las indicaciones de Deleuze sobre los recursos
literarios, el estilo de Masoch; si a su vez los cotejamos con los de
Sade, no comprenderemos con exactitud las razones de que sean presentados
juntos. ¿Disparate semiológico, que puede generarse quizás
en la distancia de casi un siglo que separa a un autor de otro y en los
efectos sensiblemente diferentes que provocaron en el público de
la época? Masoch se convirtió en un escritor célebre,
que conoció las dulzuras de la fama, mientras que Sade fue un autor
prohibido, maldito, encarcelado primero por sus orgías y luego
por sus escritos. Como contrapartida podemos señalar una coincidencia
notable: ambos se interesaron en el orden político y ambos sufrieron
los efectos de profundos cambios políticos y sociales.
El trabajo de intelectuales y literatos (casi un siglo después
de su muerte), permitió rescatar del olvido al "divino marqués",
y hoy sus libros ocupan un lugar nada despreciable en los anaqueles de
las librerías. Tarea que permite leer a Sade, suerte con la que
no cuenta su partenaire Masoch. Paradojas de la fama. Pero: ¿cuáles
son las razones del olvido de Masoch?
La versión argentina de la Présentation
La tapa de la versión cordobesa es simple: simula un ticket de
equipaje, o una etiqueta, con los nombres de Sade y Masoch impresos y
una grieta que separa ambos nombres. Imagen lograda que muestra, marca,
la ruptura (no del todo, no absoluta) entre Sacher-Masoch y Sade. Ese
no todo se refleja en la presencia de parte de las letras que componen
el nombre de Masoch en el sector que correspondería al nombre de
Sade. La imagen introduce uno de los argumentos más simples y contundentes:
la separación de la pareja sado-masoquista. La forma de etiqueta
sugiere el diagnóstico médico, que impregnó algunas
versiones psicoanalíticas de las llamadas "perversiones". El mismo
Deleuze, según parece, no logró liberarse totalmente de
esta contaminación.
¿Quién fue Leopold Von Sacher-Masoch?
Leopold nació en 1835 en Lemberg (3), capital
del reino de Galitzia (Polonia), ciudad que actualmente se llama Lvov
y que pertenece a la Ucrania soviética. Sus antepasados fueron
funcionarios del imperio austro-húngaro: su padre fue jefe de la
policía y consejero del Rey. La complejidad histórico-étnica
era muy grande en Galitzia: grupos judíos, eslavos, polacos, y
una fuerte composición ruteno-rusa (sobre todo entre los campesinos),
que luego se poloniza en una nueva trasformación. Ese convulsionado
sector del sur de Polonia (4) pasará a formar
parte del imperio austrohúngaro, generando malestar en ciertos
sectores de la nobleza polaca. A su vez, la complejidad y movilidad histórica,
política y social que transforma los mapas geográficos,
explica porqué la nacionalidad de Masoch es tan difícil
de determinar (5), en los diccionarios parece respetarse
su profesión de fe política al definirlo como un escritor
austríaco(6). En una zona de confluencia de distintos
grupos étnicos, precisar el idioma que hablaban los eslavos es
un problema que los biógrafos no pueden resolver. Leopold eligió
el alemán para escribir (7).
En 1846, los nobles polacos organizan una revuelta contra el emperador
Fernando, arman a sus vasallos contra el rey. La revolución termina
con la derrota de los nobles, que caen bajo la hoz de los campesinos,
enardecidos por las terribles condiciones de vida a las que son sometidos.
Los nobles son enterrados y sus cabezas son segadas como el trigo por
las hordas enfurecidas. Más de mil nobles mueren en la revuelta.
Quizás la fuerza de los hechos, que Masoch vivió de cerca
por la profesión de su padre, pesaron en su inclinación
por la historia. A los 19 años escribió Una historia galitziana,
donde relata la revuelta campesina. Pocos años después se
doctoró en historia en Graz, pero no logró ganarse la vida
como Privaz docente. Se lanzó entonces a la carrera literaria,
que comenzó con novelas históricas. El éxito fue
rápido. La mujer divorciada (1870), una de las primera novelas
del género, tuvo gran repercusión en América. Importantes
editoriales de Francia publicaron traducciones de sus novelas y cuentos.
Una de sus traductoras lo presentó como un moralista severo, autor
de novelas folklóricas e históricas, sin hacer la menor
alusión al carácter erótico de su obra.
Leopold veía con desagrado el uso que Krafft-Ebing hacía
de su nombre para designar una perversión. Los gustos amorosos
de Masoch son célebres: dejarse cazar, atrapar, permitir que una
mujer opulenta, envuelta en pieles y armada con un látigo le infligiera
castigos, humillaciones y hasta dolores físicos intensos, disfrazarse
de doméstico, acumular fetiches y disfraces, publicar pequeños
avisos, firmar contratos con la mujer amada. Y si era preciso, prostituirla.
Los datos sobre su vida provienen de su secretario Sclichtegrol y de su
primera mujer, que adoptó el nombre de la heroína de La
Venus de las pieles, Wanda. El libro de Wanda fue juzgado severamente
por los biógrafos ulteriores (8). Tal vez porque
Wanda presenta una imagen demasiada inocente de sí misma, -Se la
esperaba sádica, (la pareja sado-masoquista) tal como el masoquismo
de Masoch requeriría.
Sacher-Masoch murió el 5 de marzo de 1895 en Lindheim, a los 59
años de edad.
Una
injusta complementariedad
En la bibliografía de las obras completas de Freud no hay referencias
a la obra de Sacher-Masoch. Cuando habla de masoquismo cita a Krafft-Ebing.
En Tres ensayos menciona el sadismo y el masoquismo como un par de opuestos:
activo/pasivo, y en una nota posterior dirá que este par de opuestos
pueden encontrarse en la misma persona (9). Quizás
esta indiferencia de Freud hacia los textos de Masoch configure un primer
olvido, que coincidiría con la siguiente observación de
Deleuze:
Indudablemente aparecen
libros sobre el sadismo que demuestran un total desconocimiento de la
obra de Sade, pero son cada vez más raros. Sade va siendo más
profundamente conocido y la reflexión clínica sobre el
sadismo se vale singularmente de la reflexión literaria sobre
Sade y viceversa. En el caso de Masoch, en cambio, la ignorancia de
su obra sigue siendo sorprendente aún en los mejores libros sobre
masoquismos.(10)
La exitosa
operación de apropiación de su nombre por la psiquiatría,
que lo volvió de uso corriente, y al mismo tiempo su olvido como
escritor, sellaron la injusta suerte de Masoch que se mantiene en la actualidad.
El triunfo de la nominación psiquiátrica, el invento de
la dupla sadismo/masoquismo, provoca la protesta de Deleuze:
¿No sería
más correcto pensar que Masoch y Sade no son sólo dos
casos más entre otros, sino que tienen para enseñarnos
algo esencial, uno sobre el masoquismo, otro sobre el sadismo? (11)
La injusticia
que recae sobre Masoch, se redobla al servir clínicamente de complemento
a Sade:
¿No es esa la razón
por la cual los que se interesan en Sade no tuvieron ningún interés
particular en Masoch?. Con demasiada ligereza se considera que basta
con trastocar los signos, subvenir los impulsos y pensar la gran unidad
de los contrarios para obtener Masoch a partir de Sade. El tema de una
unidad sadomasoquista, de una entidad sado-rnasoquista, fue muy perjudicial
para Masoch. No sólo sufrió un olvido injusto sino también
una injusta complementariedad, una injusta unidad dialéctica.(12)
Deleuze sigue
los complejos recorridos de Freud en torno al sadomasoquismo, y destina
largos párrafos a la pulsión de muerte. Se detiene en Más
allá del principio del placer, explora las fantasías sadomasoquistas
en Pegan a un niño y opera con la distinción entre superyó
e ideal del yo. Luego esboza una suave crítica a esa unidad sadomasoquista
que parece aceptar.
Algunos extravíos de Deleuze en su lectura analítica del
masoquismo y del sadismo hicieron que me pareciera algo incongruente el
elogio desmedido que hace Jacques Lacan (en el seminario La lógica
del fantasma) de este texto de Deleuze: [...] Deleuze presenta un libro
de Sacher-Masoch [...] escribe sobre masoquismo incuestionablemente el
mejor texto que jamás haya sido escrito [...](13).
Incuestionablemente el mejor texto que jamás se haya escrito parece
bastante exagerado. Quizás el jamás pueda leerse como un
guiño de Lacan frente a la contradictoria y hasta moralizante producción
analítica en torno al tema de las perversiones
El prodigio de eficacia literaria que representan Sacher Masoch y Sade,
prestando sus nombres a lo que, en primer lugar la psiquiatría
y luego el psicoanálisis, denominará perversiones, los hace
pasar de enfermos (perversos) a clínicos que ofrecen su nombre
para designar fenómenos no conocidos. Resumo así la posición
de Deleuze, que usa la grilla del lenguaje médico para hacer caer
esa lógica en los límites del razonamiento que la genera.
Metáfora médica poco afortunada que él corrige, sabiendo
que la palabra enfermedad no corresponde a estos asuntos, pero sin dejar
de mantener cierta ambigüedad.
En todo caso, "enfermos"
y clínicos, y las dos cosas a la vez, Sade y Masoch son también
grandes antropólogos, a la manera de aquellos que saben presentar
en su obra toda una concepción del hombre, de la cultura y de
la naturaleza, y además grandes artistas, dado que saben extraer
nuevas maneras de sentir y pensar, todo un nuevo lenguaje. (14)
El mito del nacimiento del hombre nuevo
Los temas religiosos son recurrentes en las novelas de Masoch, y no alcanzan
la calidad literaria de Sade. Podemos identificar a personajes bíblicos
como Judith, o una relectura de la historia de Caín y Abel, en
la que se presenta una inversión de los lugares habitualmente asignados
por el catecismo cristiano a uno y al otro.
Masoch subraya que Jehová es el instigador, mediante los celos,
del asesinato de Abel, el preferido de Jehová. Cuando Jehová
advierte la ausencia de Abel e interroga a Caín, éste no
puede explicarla, ya no puede ocultar el asesinato primordial que sale
a la luz. Entonces Jehová, el instigador, somete a Caín
a un castigo tremendo, desmesurado, sin ningún atenuante. Podemos
escuchar la voz de Jehová en el Génesis:
[11] Ahora pues, maldito
seas tú de la tierra que abrió su boca para recibir la
sangre de tu hermano de tu mano. [12] Cuando labres la tierra, no te
volverá a dar su fuerza: errante y extranjero serás en
la tierra. [13] Y dijo Caín a Jehová: grande es mi iniquidad,
para ser perdonada.[14] He aquí que me echas de la faz de la
tierra, yo de tu presencia me esconderé y seré errante
y extranjero en la tierra y sucederá que cualquiera que me hallare
me matará(15)
Un castigo
ineludible: sin propiedad, extranjero, errante y a merced de cualquiera.
La idea de Abel como víctima y de Caín como verdugo se problematiza.
¿Acaso Caín no es una víctima de Jehová? Jehová
está en el centro de la escena y en el origen mismo del crimen.
La lectura provoca un efecto inquietante, pero ese crimen es para Masoch
(16) un legado, una herencia para toda la humanidad,
y es por eso que tituló El legado de Caín a una serie que
debía tratar seis temas: el amor, la propiedad, el dinero, el estado,
la guerra y la muerte. Sólo concluyó los dos primeros (17).
¿Qué significa
la expresión "legado de Caín"? Primeramente pretende resumir
la herencia de crímenes y sufrimientos que abruma a la humanidad.
Pero la crueldad es sólo una apariencia sobre un fondo más
secreto: la frialdad de la Naturaleza, la estepa, la imagen glacial
de la Madre donde Caín descubre su propio destino(18).
Hay un juego
de tensiones entre la figura de la madre y el papel del padre en el masoquismo,
que extravía a Deleuze quizás porque sigue la huella de
Theodor Reik.
Pero también hay toda una cristología en Masoch. De Caín
a Cristo encuentra el mismo signo que culmina en el hombre en la cruz,
sin propiedad, sin patria, sin trabajo, que muere voluntariamente. Muere
por un amor, por un ideal. Podemos ver con total claridad la crueldad
del idealismo. En esas escenas, Deleuze encuentra la figura de la madre
como la madre naturaleza, fría y cruel, encarnándose, si
puede decirse, en esas mujeres amadas, como la Wanda de la Venus que aparece
confundida en el juego literario con una estatua, o como esa amada igualmente
fría, inmóvil, estática, cubierta de pieles, que
no cede a los ruegos.
¿Por qué esta cristología en toda la obra de Masoch?
Tal vez esa pregunta no pueda ser respondida más que por los rituales
de expiación o sea, por la importancia del ritual dentro de su
novelística. El castigo ritualizado exige pasos, persuasión,
adoctrinamiento. Podemos citar como ejemplo los rituales del segundo nacimiento,
de donde surge un hombre nuevo.
La prosa de Masoch está impregnada de un agobiante tono moral.
La culpa es un ingrediente que se presentifica en otras obras, y que origina
no pocos problemas teóricos a Deleuze. Lo obliga a hacer un titubeante
repaso de la teoría psicoanalítica. Hay un inevitable tono
moral que nos introduce en un terreno resbaladizo, con el riesgo de deslizarnos
hacia una reflexión ética ante el espanto de la tortura
y el sufrimiento.
Reflexión que Masoch introduce bajo el signo de Caín, donde
se podría hacer una inversión de sentido, tal como ocurre
en las revoluciones, para demostrar que los príncipes, los generales
y los diplomáticos merecerían el presidio y la horca como
los asesinos.
Y Masoch soñaba
con una hermosa déspota, una zarina terrible que les faltaba
a los eslavos para asegurar el triunfo de las revoluciones del '48 y
para unificar el paneslavismo. Eslavos, un esfuerzo más si queréis
ser revolucionarios (19).
¿Paráfrasis
de Sade diciendo: Franceses, un esfuerzo más si queréis
ser republicanos? ¿U operación de Deleuze que aproxima peligrosamente
a Masoch y Sade? El peligro reside en aproximarlos demasiado, en borrar
la distancia que permite hacer jugar esa polaridad esencial, que por momentos
parece a punto de caer pero que se sostiene hasta el final del artículo.
¿Este parafraseo sadiano convierte a Masoch en lector de Sade?(20)
Sin olvidar otra coincidencia, ahora desde el punto de vista político:
ambos parecen acordar en quitarle legitimidad a la legalidad de la guerra.
La guerra es un crimen legal pero ilegítimo.
¿Qué significa
entonces esta conjunción de violencia y de sexualidad en un lenguaje
tan abundante, tan provocativo como el de Sade o el de Masoch? ¿Cómo
dar cuenta de esta violencia que habla de erotismo? Georges Bataille,
en un texto que tendría que haber invalidado todas las discusiones
sobre las relaciones del nazismo con la literatura de Sade, explica
que el lenguaje de Sade es paradojal porque es esencialmente el de una
víctima. Sólo las víctimas pueden describir las
torturas, los verdugos emplean necesariamente el lenguaje hipócrita
del orden y del poder establecidos: "Por regla general, el verdugo no
emplea el lenguaje de una violencia que ejerce en nombre de un poder
establecido, sino el del poder, que aparentemente lo excusa, lo justifica
y le da una elevada razón de ser. El violento se inclina a callarse
y se arregla con el engaño... Por lo tanto, la actitud de Sade
se opone a la del verdugo, a la que es totalmente opuesta...(21)
En efecto,
Sade no era un verdugo porque no se preocupaba por borrar las huellas
de sus actos. Por el contrario, las exhibía. Por otra parte, la
aristocracia no era precisamente puritana: las orgías eran frecuentes
y las prácticas crueles tampoco se desconocían. No fueron
un invento sadiano. En los burdeles había látigos que las
prostitutas utilizaban eficazmente para el placer de algunos de sus clientes.
La sodomía, penada con la muerte, era también una práctica
corriente desde hacía siglos. Las transgresiones de Sade (sodomía,
golpes) eran más bien formales. Lo imperdonable era tal vez la
publicidad que hacía de ellas, y que lo convierte en una persona
de increíble valor, aún a pesar suyo (22).
Hay algo verdaderamente paradójico en la escritura de Sade, ya
que subvierte y recompone la dialéctica víctima/verdugo,
la complejiza a tal punto que una pregunta está al limite de lo
legible: ¿las víctimas hablan a su vez como el verdugo que
son de sí mismas, con la hipocresía propia del verdugo?
Según Deleuze, Sade hizo una crítica rigurosa de las leyes,
a las que consideraba opresivas y a favor de los tiranos. Por el contrario,
Masoch presentifica la ley en la figura del contrato masoquista, que puede
leerse en La Venus de las pieles y en los contratos que hacía en
su propia vida erótica.
A continuación reproduciré un largo párrafo en el
que Deleuze despliega la polaridad instructor sádico/educador masoquista:
[En Sade][...] la demostración
como función superior del lenguaje aparece [cuando] [...] un
libertino lee un panfleto riguroso, desarrolla teorías inagotables,
[...] o consiente en hablar con una víctima. [...] Pero la intención
de convencer sólo existe aparentemente, su voluntad de instructor
es sólo aparente. [...] Se trata de otra cosa, de mostrar que
el razonamiento es por sí mismo una violencia, que está
del lado de los violentos, con todo su rigor, toda su serenidad, toda
su calma. [...] Se trata de probar la identidad de la violencia y de
la demostración, aunque el razonamiento sólo sea compartido
con el placer por el auditor al cual va dirigido, por el objeto en el
que se lo aprende. Las violencias sufridas por las víctimas no
son sino la imagen de una violencia mayor, de la cual da testimonio
la demostración. Entre sus cómplices o sus víctimas,
cada razonador razona en el circulo absoluto de su soledad y de su unicidad,
aunque todos los libertinos tengan el mismo razonamiento. Desde todo
punto de vista, el instructor sádico se opone como veremos al
educador masoquista.
Refiriéndose a Sade, Bataille afirma con justeza: "Es un lenguaje
que niega la relación del que habla con aquellos a quienes se
dirige". [...]
Lo impersonal aparece en forma sorprendente[...] y se manifiesta en
gran parte por dibujos geográficos o matemáticos (Krafft
Ebing).
También en Masoch las consignas y las descripciones se encauzan
hacia un lenguaje más elevado. Pero esta vez todo es persuasión
y educación. Ya no estamos en presencia de un verdugo que domina
a la víctima y goza cuando menos dispuesta y persuadida está.
Nos encontramos ante una víctima que busca un verdugo y que tiene
necesidad de formarlo, de persuadirlo y de aliarse con él en
la más extraña de las empresas. Por eso es que los pequeños
anuncios forman parte del lenguaje masoquista mientras que están
excluidos del verdadero sadismo. Por eso también el masoquista
elabora contratos mientras el sádico rechaza y destruye todo
contrato. El sádico tiene necesidad de instituciones y el masoquista
de relaciones contractuales.[...] El masoquista tiene que formar a la
mujer déspota. Es necesario que la persuada y la haga "firmar".
Es esencialmente educador y corre los riesgos del fracaso inherentes
a la empresa pedagógica. En todas las novelas de Masoch, la mujer
persuadida conserva una última duda, un último temor:
comprometerse a realizar un papel al que se siente impulsada pero quizás
no sepa desempeñar, pecando por exceso o por defecto. [...]
En la empresa pedagógica de los héroes de Masoch, en la
sumisión a la mujer, en los tormentos que sufren, en la muerte
que conocen, hay otros tantos momentos de ascenso a lo Ideal. La mujer
divorciada tiene por subtítulo: El calvario de un Idealista.
[...] El hecho de que el masoquismo busque sus apoyaturas históricas
y culturales en las experiencias místico-idealistas, no tiene
nada de asombroso. La contemplación del cuerpo desnudo de una
mujer sólo es posible en condiciones místicas, como ocurre
por ejemplo en La Venus. Más claramente todavía, una escena
de La mujer divorciada muestra cómo el héroe, Julián,
impulsado por su amigo, desea por primera vez ver a su amante desnuda.
Primeramente invoca una "necesidad de observación", pero luego
se siente embargado por un sentimiento religioso, "desprovisto de sensualidad".
[...] Del cuerpo a la obra de arte, de la obra de arte a las Ideas,
hay toda una ascensión que debe hacerse a latigazos (23).
Los
recursos literarios de Masoch. Estética masoquista. La novela rosa,
el amor cruel.
En las largas
citas anteriores vimos como se comienza a vislumbrar una estética
masoquista: las imágenes inmóviles, la belleza de la mujer,
el juego de miradas, la mirada petrificada, la mostración y el
ocultamiento de los cuerpos, el contraste entre la blancura de la piel
y las oscuras pieles, el uso del tiempo y de la espera, el humor. El autor
parece jugar con el lector, como si le tomara un poco el pelo, deslizando
a través de las palabras de Severin la cómica situación
de estar atado a un contrato verbal que puede eludir, pero que no quiere
o no puede evitar. La insistente idea acerca de la crueldad del amor,
es utilizada como instrumento en la fabricación de la polaridad
hombre/mujer. Construye entonces una relación entre la mujer y
el hombre por medio de una metáfora que produce a partir de una
frase de Goethe: sed el martillo o el yunque. Fuera de esa alternativa
no hay posibilidad de acceso al goce sexual. De un lado está el
goce del amor, del otro sólo hay vacío, soledad, hipocresía.
El hombre yunque, portador de una sensualidad o más bien de una
suprasensualidad, logra hacer este pasaje al ser tomado de la nariz por
una mujer, sometida a su vez a las indicaciones que le son susurradas
al oído por el guionista o el apuntador de un teatro. Sólo
cuando está montada esa escena teatral puede gozar y convertirse
en esclavo de su goce, en esclavo de esa mujer (24).
Ahora bien, esa polaridad tan cuidadosamente argumentada trastabilla con
la entrada del Griego, con la que perdemos la certeza que antes nos procuraba
el autor ¿es un hombre o una mujer? La incertidumbre incomoda un
poco a Deleuze (25), más a gusto con la polaridad
que puede desmenuzar y discutir dando un lugar preponderante a las figuras
de la madre (madre oral, buena madre) relegando a un lugar secundario
la presencia del padre o las semejanzas con el padre en algunas figuras
eróticas(26). Una de ellas, el Griego, personaje
de singular importancia, rompe con esa polaridad laboriosamente construida.
La escenografía, la teatralización montada, los juegos,
la catarata de argumentos y contra-argumentos, parecen haber sido creados
con el único fin de encontrarse con la figura erótica que
encarna el Griego.
En la búsqueda de bibliografía, advertí que no hay
ninguna mención a Masoch en la obra de Foucault. En contrapartida,
hay una buena cantidad de referencias a Sade. Esta omisión de Foucault,
¿va en la misma dirección de nuestro propio olvido? ¿Qué
hay de inconveniente en Masoch para que se hable de sadomasoquismo sin
mencionarlo? ¿Será acaso la comprobación de la afirmación
de Gilles Deleuze acerca de que nosotros deducimos el masoquismo de la
lectura de los textos de Sade? ¿O peor aún, del legado de
Kraff Ebbing, de la psiquiatría al psicoanálisis?
Notas:
1. Título original: Deleuze G. Présentation
Sacher Masoch, Les Editions de Minuit, Paris, 1967. En español:
Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial
Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento
moderno, 1969. Traducción: Maria Teresa Poyrazián.
2. La otra edición de La Venus de las pieles
a la que tuve acceso, está también acompañada por
un comentario del psiquiatra español Castillo del Pino sobre "perversión
sadomasoquista" (Carlos Castillo del Pino, Introducción al
masoquismo. Sacher-Masoch. La Venus de las pieles, Madrid, Ed. Alianza,
1973), y cita la edición en español de la Présentation...
como fuente. Un efecto de eficacia literaria, pues al referirse al masoquismo
otro autor cita La Venus de las pieles, rescatada del olvido. [Hay otras
versiones en español que Ricardo Pon no nombra y que nosotros utilizamos
en la revista para extraer los textos de Sacher-Masoch y Deleuze respectivamente.
Además recientemente Presentación de Sacher-Masoch.
Lo frío y lo cruel. G. Deleuze. Ed. Amorrortu. Bs.As. 2001.
Contiene los mismos índices sobre Sache-Masoch.]
3. B. Michei, Biografía Leopold Von Sacher-Masoch.
Barcelona. Circe ediciones, 1992, p. 13. Lemberg es el nombre alemán,
los franceses la llaman Leopoi, los polacos Lwów.
4. B. Michei, Biografía Leopold Von Sacher-Masoch.
Barcelona. Circe ediciones, 1992, pag. 61.
5. B. Michei, Biografía Leopold Von Sacher-Masoch.
Barcelona. Circe ediciones, 1992, pag. 11: "se me llama alemán,
polaco, checo, finalmente esloveno; debo aclarar la confusión de
sus ideas y decirles que, nacido de padres rusos, en la Galitzia rusa,
soy un ruso de Galitzia y que, siendo eslavo a mi profesión de
fe nacional, mi profesión de fe política siempre ha sido
austriaca ' (carta a H'eronymus Lorrn).
6. Diccionario Pequeño Larousse ilustrado,
Buenos Aires, Larousse, 1990, p. 1557.
7. B. Michei, Biografía Leopold Von Sacher-Masoch.
Barcelona. Circe ediciones, 1992. pag. 26. Su hijo Franz hablaba "alemán,
francés, eslavo, bohemio ", es decir checo. No se puede saber qué
lengua se designaba con el nombre de "eslavo", podría ser el eslovaco.
8. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba,
Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca
del pensamiento moderno, 1969, pag. 10.
9. S. Freud, Tres ensayos de teoría sexual,
Buenos Aires, Amorrortu, 1998, t VII, p. 143
10. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba,
Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca
del pensamiento moderno, 1969. pag. 12.
11. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba,
Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca
del pensamiento moderno, 1969. pag.13
12. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba,
Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca
del pensamiento moderno, 1969. Pag 13.
13. J. Lacan, La lógica del fantasma, seminario
inédito, sesión del 19 de abril de 1967. Sugestivamente
no hay mención a Theodor Reik, que es el analista en el que, junto
con Freud, parece apoyarse Deleuze para situar la posición de los
analistas. Hay un error en Lacan en la frase siguiente, al considerarse
ampliamente leído y citado por Deleuze .
14. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba,
Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca
del pensamiento moderno, 1969. pag. 16
15. La Santa Biblia. Antiguo Testamento, versión
Casiodoro de Reyna, 1569, revisada por Cipriano de Valera en 1602, Ediciones
Sociedad Bíblica Unida, Universidad Press, Cambndge, 1953.
16. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba,
Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca
del pensamiento moderno, 1969. pag. 86.
17. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba,
Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca
del pensamiento moderno, 1969. pag. 34.
18. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba,
Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca
del pensamiento moderno, 1969. pag. 11
19. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba,
Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca
del pensamiento moderno, 1969. pag. 34.
20. Históricamente dudoso, pues las obras de Sade
eran de muy difícil acceso en vida de Masoch.
21. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba,
Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca
del pensamiento moderno, 1969. pag. 16-17.
22. Francine Du Plessix Gray, Marqués de Sade.
Una vida, Buenos Aires, Vergara Editores, 2000.
23. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba,
Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca
del pensamiento moderno, 1969. pag. 18-21.24.
24.
En esa teatralidad del masoquismo, Deleuze encuentra una diferencia con
el sadismo.
25. Aventura de Luis II relatada por Wanda en
Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial
Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento
moderno, 1969 pag. 223. Se encuentra la misma ambigüedad, en el admirador/a
desconocido/a, en El/la que Sacher-Masoch parece encontrar la sal de esa
extraña historia
26. Citará a Lacan para decir "... Verwerfung
es un mecanismo ejercido en el orden simbólico y que se basa esencialmente
en el padre o mejor en el nombre del padre. Parece que Lacan considera
ese mecanismo original independiente de toda etiología materna"....
Esta cita da cuenta de las dificultades que Deleuze tenia con la polaridad
madre/padre y, a su vez, con la lectura de Lacan. Deleuze G. Sacher-Masoch
& Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba,
Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969 pag. 240.
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