Ir a Datos de la IlustraciónEl legado de Caín. Sobre el Sacher-Masoch de Deleuze.

Ricardo Pon


Extraído de:
Litoral Nº 32. Marzo de 2002
Ecole Lacanienne de psychanalyse. Córdoba. Argentina


Es demasiado idealista... y por eso mismo, cruel.
Dostoiesvky. Humillados y Ofendidos

Referirme al comentario de Deleuze sobre la obra y también sobre la vida de Leopold Von Sacher Masoch sugiere su lectura; es más, hace ineludible el contacto con su obra literaria, invitación que se promueve con la acertada edición de la Présentation (1) acompañada de La Venus de las pieles(2).
El nombre présentation mantendría su lógica de comentario-prólogo, pero ha sido omitida en la edición en español (omisión que podría generar problemas de lectura, por lo que preferimos mantener su título original). Es absurdo leerla sola, su lectura exige recorrer la prolífica producción literaria de Masoch, genera un vacío que hace evidente algo obvio: los textos de Masoch están ausentes en las librerías. Un primer efecto se produce: ¿cómo pude o pudimos nombrar, cómo creímos conocer algo del masoquismo sin haber leído su obra literaria? Un segundo efecto: cuesta encontrar los puntos de contacto entre la agradable experiencia literaria de leer a Sacher-Masoch y algunos trabajos que utilizan los términos masoquismo o sadomasoquismo. Si nos sumergimos en esa lectura algo nos golpea de inmediato: la crítica que lanza Deleuze a la pareja sado-masoquista, esa injusta complementariedad, la idea de opuestos, antitéticos, que literalmente hacen invisibles, opacos, los matices y las diferencias. ¿Es posible hablar de masoquismo sin leer a Masoch? ¿Esos textos son comparables con los de Sade?
Ahora bien, si seguimos las indicaciones de Deleuze sobre los recursos literarios, el estilo de Masoch; si a su vez los cotejamos con los de Sade, no comprenderemos con exactitud las razones de que sean presentados juntos. ¿Disparate semiológico, que puede generarse quizás en la distancia de casi un siglo que separa a un autor de otro y en los efectos sensiblemente diferentes que provocaron en el público de la época? Masoch se convirtió en un escritor célebre, que conoció las dulzuras de la fama, mientras que Sade fue un autor prohibido, maldito, encarcelado primero por sus orgías y luego por sus escritos. Como contrapartida podemos señalar una coincidencia notable: ambos se interesaron en el orden político y ambos sufrieron los efectos de profundos cambios políticos y sociales.
El trabajo de intelectuales y literatos (casi un siglo después de su muerte), permitió rescatar del olvido al "divino marqués", y hoy sus libros ocupan un lugar nada despreciable en los anaqueles de las librerías. Tarea que permite leer a Sade, suerte con la que no cuenta su partenaire Masoch. Paradojas de la fama. Pero: ¿cuáles son las razones del olvido de Masoch?


La versión argentina de la Présentation


La tapa de la versión cordobesa es simple: simula un ticket de equipaje, o una etiqueta, con los nombres de Sade y Masoch impresos y una grieta que separa ambos nombres. Imagen lograda que muestra, marca, la ruptura (no del todo, no absoluta) entre Sacher-Masoch y Sade. Ese no todo se refleja en la presencia de parte de las letras que componen el nombre de Masoch en el sector que correspondería al nombre de Sade. La imagen introduce uno de los argumentos más simples y contundentes: la separación de la pareja sado-masoquista. La forma de etiqueta sugiere el diagnóstico médico, que impregnó algunas versiones psicoanalíticas de las llamadas "perversiones". El mismo Deleuze, según parece, no logró liberarse totalmente de esta contaminación.
¿Quién fue Leopold Von Sacher-Masoch?
Leopold nació en 1835 en Lemberg (3), capital del reino de Galitzia (Polonia), ciudad que actualmente se llama Lvov y que pertenece a la Ucrania soviética. Sus antepasados fueron funcionarios del imperio austro-húngaro: su padre fue jefe de la policía y consejero del Rey. La complejidad histórico-étnica era muy grande en Galitzia: grupos judíos, eslavos, polacos, y una fuerte composición ruteno-rusa (sobre todo entre los campesinos), que luego se poloniza en una nueva trasformación. Ese convulsionado sector del sur de Polonia (4) pasará a formar parte del imperio austrohúngaro, generando malestar en ciertos sectores de la nobleza polaca. A su vez, la complejidad y movilidad histórica, política y social que transforma los mapas geográficos, explica porqué la nacionalidad de Masoch es tan difícil de determinar (5), en los diccionarios parece respetarse su profesión de fe política al definirlo como un escritor austríaco(6). En una zona de confluencia de distintos grupos étnicos, precisar el idioma que hablaban los eslavos es un problema que los biógrafos no pueden resolver. Leopold eligió el alemán para escribir (7).
En 1846, los nobles polacos organizan una revuelta contra el emperador Fernando, arman a sus vasallos contra el rey. La revolución termina con la derrota de los nobles, que caen bajo la hoz de los campesinos, enardecidos por las terribles condiciones de vida a las que son sometidos. Los nobles son enterrados y sus cabezas son segadas como el trigo por las hordas enfurecidas. Más de mil nobles mueren en la revuelta.
Quizás la fuerza de los hechos, que Masoch vivió de cerca por la profesión de su padre, pesaron en su inclinación por la historia. A los 19 años escribió Una historia galitziana, donde relata la revuelta campesina. Pocos años después se doctoró en historia en Graz, pero no logró ganarse la vida como Privaz docente. Se lanzó entonces a la carrera literaria, que comenzó con novelas históricas. El éxito fue rápido. La mujer divorciada (1870), una de las primera novelas del género, tuvo gran repercusión en América. Importantes editoriales de Francia publicaron traducciones de sus novelas y cuentos. Una de sus traductoras lo presentó como un moralista severo, autor de novelas folklóricas e históricas, sin hacer la menor alusión al carácter erótico de su obra.
Leopold veía con desagrado el uso que Krafft-Ebing hacía de su nombre para designar una perversión. Los gustos amorosos de Masoch son célebres: dejarse cazar, atrapar, permitir que una mujer opulenta, envuelta en pieles y armada con un látigo le infligiera castigos, humillaciones y hasta dolores físicos intensos, disfrazarse de doméstico, acumular fetiches y disfraces, publicar pequeños avisos, firmar contratos con la mujer amada. Y si era preciso, prostituirla.
Los datos sobre su vida provienen de su secretario Sclichtegrol y de su primera mujer, que adoptó el nombre de la heroína de La Venus de las pieles, Wanda. El libro de Wanda fue juzgado severamente por los biógrafos ulteriores (8). Tal vez porque Wanda presenta una imagen demasiada inocente de sí misma, -Se la esperaba sádica, (la pareja sado-masoquista) tal como el masoquismo de Masoch requeriría.
Sacher-Masoch murió el 5 de marzo de 1895 en Lindheim, a los 59 años de edad.


Ir a Datos de la IlustraciónUna injusta complementariedad


En la bibliografía de las obras completas de Freud no hay referencias a la obra de Sacher-Masoch. Cuando habla de masoquismo cita a Krafft-Ebing. En Tres ensayos menciona el sadismo y el masoquismo como un par de opuestos: activo/pasivo, y en una nota posterior dirá que este par de opuestos pueden encontrarse en la misma persona (9). Quizás esta indiferencia de Freud hacia los textos de Masoch configure un primer olvido, que coincidiría con la siguiente observación de Deleuze:

Indudablemente aparecen libros sobre el sadismo que demuestran un total desconocimiento de la obra de Sade, pero son cada vez más raros. Sade va siendo más profundamente conocido y la reflexión clínica sobre el sadismo se vale singularmente de la reflexión literaria sobre Sade y viceversa. En el caso de Masoch, en cambio, la ignorancia de su obra sigue siendo sorprendente aún en los mejores libros sobre masoquismos.(10)

La exitosa operación de apropiación de su nombre por la psiquiatría, que lo volvió de uso corriente, y al mismo tiempo su olvido como escritor, sellaron la injusta suerte de Masoch que se mantiene en la actualidad. El triunfo de la nominación psiquiátrica, el invento de la dupla sadismo/masoquismo, provoca la protesta de Deleuze:

¿No sería más correcto pensar que Masoch y Sade no son sólo dos casos más entre otros, sino que tienen para enseñarnos algo esencial, uno sobre el masoquismo, otro sobre el sadismo? (11)

La injusticia que recae sobre Masoch, se redobla al servir clínicamente de complemento a Sade:

¿No es esa la razón por la cual los que se interesan en Sade no tuvieron ningún interés particular en Masoch?. Con demasiada ligereza se considera que basta con trastocar los signos, subvenir los impulsos y pensar la gran unidad de los contrarios para obtener Masoch a partir de Sade. El tema de una unidad sadomasoquista, de una entidad sado-rnasoquista, fue muy perjudicial para Masoch. No sólo sufrió un olvido injusto sino también una injusta complementariedad, una injusta unidad dialéctica.(12)

Deleuze sigue los complejos recorridos de Freud en torno al sadomasoquismo, y destina largos párrafos a la pulsión de muerte. Se detiene en Más allá del principio del placer, explora las fantasías sadomasoquistas en Pegan a un niño y opera con la distinción entre superyó e ideal del yo. Luego esboza una suave crítica a esa unidad sadomasoquista que parece aceptar.
Algunos extravíos de Deleuze en su lectura analítica del masoquismo y del sadismo hicieron que me pareciera algo incongruente el elogio desmedido que hace Jacques Lacan (en el seminario La lógica del fantasma) de este texto de Deleuze: [...] Deleuze presenta un libro de Sacher-Masoch [...] escribe sobre masoquismo incuestionablemente el mejor texto que jamás haya sido escrito [...](13). Incuestionablemente el mejor texto que jamás se haya escrito parece bastante exagerado. Quizás el jamás pueda leerse como un guiño de Lacan frente a la contradictoria y hasta moralizante producción analítica en torno al tema de las perversiones
El prodigio de eficacia literaria que representan Sacher Masoch y Sade, prestando sus nombres a lo que, en primer lugar la psiquiatría y luego el psicoanálisis, denominará perversiones, los hace pasar de enfermos (perversos) a clínicos que ofrecen su nombre para designar fenómenos no conocidos. Resumo así la posición de Deleuze, que usa la grilla del lenguaje médico para hacer caer esa lógica en los límites del razonamiento que la genera. Metáfora médica poco afortunada que él corrige, sabiendo que la palabra enfermedad no corresponde a estos asuntos, pero sin dejar de mantener cierta ambigüedad.

En todo caso, "enfermos" y clínicos, y las dos cosas a la vez, Sade y Masoch son también grandes antropólogos, a la manera de aquellos que saben presentar en su obra toda una concepción del hombre, de la cultura y de la naturaleza, y además grandes artistas, dado que saben extraer nuevas maneras de sentir y pensar, todo un nuevo lenguaje. (14)


El mito del nacimiento del hombre nuevo


Los temas religiosos son recurrentes en las novelas de Masoch, y no alcanzan la calidad literaria de Sade. Podemos identificar a personajes bíblicos como Judith, o una relectura de la historia de Caín y Abel, en la que se presenta una inversión de los lugares habitualmente asignados por el catecismo cristiano a uno y al otro.
Masoch subraya que Jehová es el instigador, mediante los celos, del asesinato de Abel, el preferido de Jehová. Cuando Jehová advierte la ausencia de Abel e interroga a Caín, éste no puede explicarla, ya no puede ocultar el asesinato primordial que sale a la luz. Entonces Jehová, el instigador, somete a Caín a un castigo tremendo, desmesurado, sin ningún atenuante. Podemos escuchar la voz de Jehová en el Génesis:

[11] Ahora pues, maldito seas tú de la tierra que abrió su boca para recibir la sangre de tu hermano de tu mano. [12] Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza: errante y extranjero serás en la tierra. [13] Y dijo Caín a Jehová: grande es mi iniquidad, para ser perdonada.[14] He aquí que me echas de la faz de la tierra, yo de tu presencia me esconderé y seré errante y extranjero en la tierra y sucederá que cualquiera que me hallare me matará(15)

Un castigo ineludible: sin propiedad, extranjero, errante y a merced de cualquiera. La idea de Abel como víctima y de Caín como verdugo se problematiza. ¿Acaso Caín no es una víctima de Jehová? Jehová está en el centro de la escena y en el origen mismo del crimen. La lectura provoca un efecto inquietante, pero ese crimen es para Masoch (16) un legado, una herencia para toda la humanidad, y es por eso que tituló El legado de Caín a una serie que debía tratar seis temas: el amor, la propiedad, el dinero, el estado, la guerra y la muerte. Sólo concluyó los dos primeros (17).

¿Qué significa la expresión "legado de Caín"? Primeramente pretende resumir la herencia de crímenes y sufrimientos que abruma a la humanidad. Pero la crueldad es sólo una apariencia sobre un fondo más secreto: la frialdad de la Naturaleza, la estepa, la imagen glacial de la Madre donde Caín descubre su propio destino(18).

Hay un juego de tensiones entre la figura de la madre y el papel del padre en el masoquismo, que extravía a Deleuze quizás porque sigue la huella de Theodor Reik.
Pero también hay toda una cristología en Masoch. De Caín a Cristo encuentra el mismo signo que culmina en el hombre en la cruz, sin propiedad, sin patria, sin trabajo, que muere voluntariamente. Muere por un amor, por un ideal. Podemos ver con total claridad la crueldad del idealismo. En esas escenas, Deleuze encuentra la figura de la madre como la madre naturaleza, fría y cruel, encarnándose, si puede decirse, en esas mujeres amadas, como la Wanda de la Venus que aparece confundida en el juego literario con una estatua, o como esa amada igualmente fría, inmóvil, estática, cubierta de pieles, que no cede a los ruegos.
¿Por qué esta cristología en toda la obra de Masoch? Tal vez esa pregunta no pueda ser respondida más que por los rituales de expiación o sea, por la importancia del ritual dentro de su novelística. El castigo ritualizado exige pasos, persuasión, adoctrinamiento. Podemos citar como ejemplo los rituales del segundo nacimiento, de donde surge un hombre nuevo.
La prosa de Masoch está impregnada de un agobiante tono moral. La culpa es un ingrediente que se presentifica en otras obras, y que origina no pocos problemas teóricos a Deleuze. Lo obliga a hacer un titubeante repaso de la teoría psicoanalítica. Hay un inevitable tono moral que nos introduce en un terreno resbaladizo, con el riesgo de deslizarnos hacia una reflexión ética ante el espanto de la tortura y el sufrimiento.
Reflexión que Masoch introduce bajo el signo de Caín, donde se podría hacer una inversión de sentido, tal como ocurre en las revoluciones, para demostrar que los príncipes, los generales y los diplomáticos merecerían el presidio y la horca como los asesinos.

Y Masoch soñaba con una hermosa déspota, una zarina terrible que les faltaba a los eslavos para asegurar el triunfo de las revoluciones del '48 y para unificar el paneslavismo. Eslavos, un esfuerzo más si queréis ser revolucionarios (19).

¿Paráfrasis de Sade diciendo: Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos? ¿U operación de Deleuze que aproxima peligrosamente a Masoch y Sade? El peligro reside en aproximarlos demasiado, en borrar la distancia que permite hacer jugar esa polaridad esencial, que por momentos parece a punto de caer pero que se sostiene hasta el final del artículo. ¿Este parafraseo sadiano convierte a Masoch en lector de Sade?(20) Sin olvidar otra coincidencia, ahora desde el punto de vista político: ambos parecen acordar en quitarle legitimidad a la legalidad de la guerra. La guerra es un crimen legal pero ilegítimo.

¿Qué significa entonces esta conjunción de violencia y de sexualidad en un lenguaje tan abundante, tan provocativo como el de Sade o el de Masoch? ¿Cómo dar cuenta de esta violencia que habla de erotismo? Georges Bataille, en un texto que tendría que haber invalidado todas las discusiones sobre las relaciones del nazismo con la literatura de Sade, explica que el lenguaje de Sade es paradojal porque es esencialmente el de una víctima. Sólo las víctimas pueden describir las torturas, los verdugos emplean necesariamente el lenguaje hipócrita del orden y del poder establecidos: "Por regla general, el verdugo no emplea el lenguaje de una violencia que ejerce en nombre de un poder establecido, sino el del poder, que aparentemente lo excusa, lo justifica y le da una elevada razón de ser. El violento se inclina a callarse y se arregla con el engaño... Por lo tanto, la actitud de Sade se opone a la del verdugo, a la que es totalmente opuesta...(21)

En efecto, Sade no era un verdugo porque no se preocupaba por borrar las huellas de sus actos. Por el contrario, las exhibía. Por otra parte, la aristocracia no era precisamente puritana: las orgías eran frecuentes y las prácticas crueles tampoco se desconocían. No fueron un invento sadiano. En los burdeles había látigos que las prostitutas utilizaban eficazmente para el placer de algunos de sus clientes. La sodomía, penada con la muerte, era también una práctica corriente desde hacía siglos. Las transgresiones de Sade (sodomía, golpes) eran más bien formales. Lo imperdonable era tal vez la publicidad que hacía de ellas, y que lo convierte en una persona de increíble valor, aún a pesar suyo (22).
Hay algo verdaderamente paradójico en la escritura de Sade, ya que subvierte y recompone la dialéctica víctima/verdugo, la complejiza a tal punto que una pregunta está al limite de lo legible: ¿las víctimas hablan a su vez como el verdugo que son de sí mismas, con la hipocresía propia del verdugo?
Según Deleuze, Sade hizo una crítica rigurosa de las leyes, a las que consideraba opresivas y a favor de los tiranos. Por el contrario, Masoch presentifica la ley en la figura del contrato masoquista, que puede leerse en La Venus de las pieles y en los contratos que hacía en su propia vida erótica.
A continuación reproduciré un largo párrafo en el que Deleuze despliega la polaridad instructor sádico/educador masoquista:

[En Sade][...] la demostración como función superior del lenguaje aparece [cuando] [...] un libertino lee un panfleto riguroso, desarrolla teorías inagotables, [...] o consiente en hablar con una víctima. [...] Pero la intención de convencer sólo existe aparentemente, su voluntad de instructor es sólo aparente. [...] Se trata de otra cosa, de mostrar que el razonamiento es por sí mismo una violencia, que está del lado de los violentos, con todo su rigor, toda su serenidad, toda su calma. [...] Se trata de probar la identidad de la violencia y de la demostración, aunque el razonamiento sólo sea compartido con el placer por el auditor al cual va dirigido, por el objeto en el que se lo aprende. Las violencias sufridas por las víctimas no son sino la imagen de una violencia mayor, de la cual da testimonio la demostración. Entre sus cómplices o sus víctimas, cada razonador razona en el circulo absoluto de su soledad y de su unicidad, aunque todos los libertinos tengan el mismo razonamiento. Desde todo punto de vista, el instructor sádico se opone como veremos al educador masoquista.
Refiriéndose a Sade, Bataille afirma con justeza: "Es un lenguaje que niega la relación del que habla con aquellos a quienes se dirige". [...]
Lo impersonal aparece en forma sorprendente[...] y se manifiesta en gran parte por dibujos geográficos o matemáticos (Krafft Ebing).
También en Masoch las consignas y las descripciones se encauzan hacia un lenguaje más elevado. Pero esta vez todo es persuasión y educación. Ya no estamos en presencia de un verdugo que domina a la víctima y goza cuando menos dispuesta y persuadida está. Nos encontramos ante una víctima que busca un verdugo y que tiene necesidad de formarlo, de persuadirlo y de aliarse con él en la más extraña de las empresas. Por eso es que los pequeños anuncios forman parte del lenguaje masoquista mientras que están excluidos del verdadero sadismo. Por eso también el masoquista elabora contratos mientras el sádico rechaza y destruye todo contrato. El sádico tiene necesidad de instituciones y el masoquista de relaciones contractuales.[...] El masoquista tiene que formar a la mujer déspota. Es necesario que la persuada y la haga "firmar". Es esencialmente educador y corre los riesgos del fracaso inherentes a la empresa pedagógica. En todas las novelas de Masoch, la mujer persuadida conserva una última duda, un último temor: comprometerse a realizar un papel al que se siente impulsada pero quizás no sepa desempeñar, pecando por exceso o por defecto. [...]
En la empresa pedagógica de los héroes de Masoch, en la sumisión a la mujer, en los tormentos que sufren, en la muerte que conocen, hay otros tantos momentos de ascenso a lo Ideal. La mujer divorciada tiene por subtítulo: El calvario de un Idealista. [...] El hecho de que el masoquismo busque sus apoyaturas históricas y culturales en las experiencias místico-idealistas, no tiene nada de asombroso. La contemplación del cuerpo desnudo de una mujer sólo es posible en condiciones místicas, como ocurre por ejemplo en La Venus. Más claramente todavía, una escena de La mujer divorciada muestra cómo el héroe, Julián, impulsado por su amigo, desea por primera vez ver a su amante desnuda. Primeramente invoca una "necesidad de observación", pero luego se siente embargado por un sentimiento religioso, "desprovisto de sensualidad". [...] Del cuerpo a la obra de arte, de la obra de arte a las Ideas, hay toda una ascensión que debe hacerse a latigazos (23).

Ir a Datos de la IlustraciónLos recursos literarios de Masoch. Estética masoquista. La novela rosa, el amor cruel.

En las largas citas anteriores vimos como se comienza a vislumbrar una estética masoquista: las imágenes inmóviles, la belleza de la mujer, el juego de miradas, la mirada petrificada, la mostración y el ocultamiento de los cuerpos, el contraste entre la blancura de la piel y las oscuras pieles, el uso del tiempo y de la espera, el humor. El autor parece jugar con el lector, como si le tomara un poco el pelo, deslizando a través de las palabras de Severin la cómica situación de estar atado a un contrato verbal que puede eludir, pero que no quiere o no puede evitar. La insistente idea acerca de la crueldad del amor, es utilizada como instrumento en la fabricación de la polaridad hombre/mujer. Construye entonces una relación entre la mujer y el hombre por medio de una metáfora que produce a partir de una frase de Goethe: sed el martillo o el yunque. Fuera de esa alternativa no hay posibilidad de acceso al goce sexual. De un lado está el goce del amor, del otro sólo hay vacío, soledad, hipocresía. El hombre yunque, portador de una sensualidad o más bien de una suprasensualidad, logra hacer este pasaje al ser tomado de la nariz por una mujer, sometida a su vez a las indicaciones que le son susurradas al oído por el guionista o el apuntador de un teatro. Sólo cuando está montada esa escena teatral puede gozar y convertirse en esclavo de su goce, en esclavo de esa mujer (24). Ahora bien, esa polaridad tan cuidadosamente argumentada trastabilla con la entrada del Griego, con la que perdemos la certeza que antes nos procuraba el autor ¿es un hombre o una mujer? La incertidumbre incomoda un poco a Deleuze (25), más a gusto con la polaridad que puede desmenuzar y discutir dando un lugar preponderante a las figuras de la madre (madre oral, buena madre) relegando a un lugar secundario la presencia del padre o las semejanzas con el padre en algunas figuras eróticas(26). Una de ellas, el Griego, personaje de singular importancia, rompe con esa polaridad laboriosamente construida. La escenografía, la teatralización montada, los juegos, la catarata de argumentos y contra-argumentos, parecen haber sido creados con el único fin de encontrarse con la figura erótica que encarna el Griego.
En la búsqueda de bibliografía, advertí que no hay ninguna mención a Masoch en la obra de Foucault. En contrapartida, hay una buena cantidad de referencias a Sade. Esta omisión de Foucault, ¿va en la misma dirección de nuestro propio olvido? ¿Qué hay de inconveniente en Masoch para que se hable de sadomasoquismo sin mencionarlo? ¿Será acaso la comprobación de la afirmación de Gilles Deleuze acerca de que nosotros deducimos el masoquismo de la lectura de los textos de Sade? ¿O peor aún, del legado de Kraff Ebbing, de la psiquiatría al psicoanálisis?


Notas:

1. Título original: Deleuze G. Présentation Sacher Masoch, Les Editions de Minuit, Paris, 1967. En español: Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969. Traducción: Maria Teresa Poyrazián.
2. La otra edición de La Venus de las pieles a la que tuve acceso, está también acompañada por un comentario del psiquiatra español Castillo del Pino sobre "perversión sadomasoquista" (Carlos Castillo del Pino, Introducción al masoquismo. Sacher-Masoch. La Venus de las pieles, Madrid, Ed. Alianza, 1973), y cita la edición en español de la Présentation... como fuente. Un efecto de eficacia literaria, pues al referirse al masoquismo otro autor cita La Venus de las pieles, rescatada del olvido. [Hay otras versiones en español que Ricardo Pon no nombra y que nosotros utilizamos en la revista para extraer los textos de Sacher-Masoch y Deleuze respectivamente. Además recientemente Presentación de Sacher-Masoch. Lo frío y lo cruel. G. Deleuze. Ed. Amorrortu. Bs.As. 2001. Contiene los mismos índices sobre Sache-Masoch.]
3. B. Michei, Biografía Leopold Von Sacher-Masoch. Barcelona. Circe ediciones, 1992, p. 13. Lemberg es el nombre alemán, los franceses la llaman Leopoi, los polacos Lwów.
4. B. Michei, Biografía Leopold Von Sacher-Masoch. Barcelona. Circe ediciones, 1992, pag. 61.
5. B. Michei, Biografía Leopold Von Sacher-Masoch. Barcelona. Circe ediciones, 1992, pag. 11: "se me llama alemán, polaco, checo, finalmente esloveno; debo aclarar la confusión de sus ideas y decirles que, nacido de padres rusos, en la Galitzia rusa, soy un ruso de Galitzia y que, siendo eslavo a mi profesión de fe nacional, mi profesión de fe política siempre ha sido austriaca ' (carta a H'eronymus Lorrn).
6. Diccionario Pequeño Larousse ilustrado, Buenos Aires, Larousse, 1990, p. 1557.
7. B. Michei, Biografía Leopold Von Sacher-Masoch. Barcelona. Circe ediciones, 1992. pag. 26. Su hijo Franz hablaba "alemán, francés, eslavo, bohemio ", es decir checo. No se puede saber qué lengua se designaba con el nombre de "eslavo", podría ser el eslovaco.
8. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969, pag. 10.
9. S. Freud, Tres ensayos de teoría sexual, Buenos Aires, Amorrortu, 1998, t VII, p. 143
10. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969. pag. 12.
11. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969. pag.13
12. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969. Pag 13.
13. J. Lacan, La lógica del fantasma, seminario inédito, sesión del 19 de abril de 1967. Sugestivamente no hay mención a Theodor Reik, que es el analista en el que, junto con Freud, parece apoyarse Deleuze para situar la posición de los analistas. Hay un error en Lacan en la frase siguiente, al considerarse ampliamente leído y citado por Deleuze .
14. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969. pag. 16
15. La Santa Biblia. Antiguo Testamento, versión Casiodoro de Reyna, 1569, revisada por Cipriano de Valera en 1602, Ediciones Sociedad Bíblica Unida, Universidad Press, Cambndge, 1953.
16. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969. pag. 86.
17. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969. pag. 34.
18. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969. pag. 11
19. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969. pag. 34.
20. Históricamente dudoso, pues las obras de Sade eran de muy difícil acceso en vida de Masoch.
21. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969. pag. 16-17.
22. Francine Du Plessix Gray, Marqués de Sade. Una vida, Buenos Aires, Vergara Editores, 2000.
23. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969. pag. 18-21.24.

24. En esa teatralidad del masoquismo, Deleuze encuentra una diferencia con el sadismo.
25. Aventura de Luis II relatada por Wanda en Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969 pag. 223. Se encuentra la misma ambigüedad, en el admirador/a desconocido/a, en El/la que Sacher-Masoch parece encontrar la sal de esa extraña historia
26. Citará a Lacan para decir "... Verwerfung es un mecanismo ejercido en el orden simbólico y que se basa esencialmente en el padre o mejor en el nombre del padre. Parece que Lacan considera ese mecanismo original independiente de toda etiología materna".... Esta cita da cuenta de las dificultades que Deleuze tenia con la polaridad madre/padre y, a su vez, con la lectura de Lacan. Deleuze G. Sacher-Masoch & Sade, Córdoba, Editorial Universitaria de Córdoba, Colección Biblioteca del pensamiento moderno, 1969 pag. 240.