Ir a Datos de la IlustraciónLa voluntad de poder (II)

Friedrich Nietzsche


Extraído de:
La voluntad de poderío. Libro tercero. Fundamentos de una nueva valoración.
Ed. Aguilar. Madrid.


II. BIOLOGIA DEL INSTINTO DE CONOCIMIENTO -PERSPECTIVISMO-


(492).La verdad es aquella clase de error sin el cual no puede vivir un ser viviente de una determinada especie. El valor para la vida es lo que decide en último término.

(493).Es inverosímil que nuestro "conocer" pueda alcanzar más allá que lo estrictamente necesario para la conservación de la vida. La morfología enseña que los sentidos y los nervios, así como el cerebro, se desarrollan en relación con la dificultad de la alimentación.

(494)."El sentido de la verdad'' cuando la moralidad del "No debes mentir" es rechazada, tiene que ser legitimado ante otro foro: como medio de conservación del hombre, como voluntad de poderío.
Igualmente nuestro amor a lo bello es también la voluntad de crear formas. Los dos sentidos tienen una relación mutua; el sentido de lo real es el medio para configurar las cosas a nuestro gusto. El gusto por las formas y por las transformaciones -¡un placer imaginario!-. Sólo podemos comprender un mundo hecho por nosotros.

(495).De las múltiples formas del conocimiento. Rastrear su relación con otros muchos (o la relación de la especie). Cómo habría de ser el conocimiento de "otro". La especie de conocimiento y de reconocimiento está ya bajo las condiciones de existencia: con esto la conclusión de que no puede haber otra clase de intelecto (para nosotros) que la que a nosotros nos mantiene, es una conclusión precipitada; esta condición efectiva de existencia quizá es sólo contingente y de ningún modo necesaria.
Nuestro aparato cognoscitivo no está destinado al conocimiento.

(496).Las "verdades" "a priori"" más firmemente creídas son para mí creencias provisionales; por ejemplo, la ley de causalidad, hábitos muy bien ejercitados de la creencia, tan arraigados que no creerlos acabaría con la especie. Pero ¿son por esto verdades? ¡Valiente razonamiento! ¡Como si la verdad se demostrase por la subsistencia del hombre!

(497). En qué medida es también nuestro intelecto una consecuencia de las condiciones de vida? No lo tendríamos si no lo necesitásemos, si pudiéramos vivir de otro modo.

(498)."Pensar'" en los estados primitivos (preorgánicos) es realizar estructuras, como en los cristales. En nuestro pensar, lo esencial es ordenar el material nuevo en los esquemas antiguos (Lecho de Procusto), igualar lo nuevo a lo antiguo.

(499).Las percepciones de los sentidos proyectadas al exterior: "fuera" y "dentro"; aquí manda el cuerpo. La misma fuerza igualadora y ordenadora que rige el idioplasma rige también la incorporación del mundo exterior; las percepciones de nuestros sentidos son ya el resultado de esta asimilación y equiparación en relación con todo nuestro pasado; no siguen inmediatamente a la "impresión".

(500).Todo pensar, juzgar, percibir como comparar, tiene, por supuesto, una "equiparación", y aún antes una "igualación". La igualación es lo mismo que la incorporación de la materia adquirida en las amebas.
"Recuerdo", más tarde, en cuanto aquí el instinto igualatorio ya parece domado, la diferencia es conservada. Recordar como un rubricar y un encajonar; activo, ¿quién?

(501).En relación con la memoria hay que rectificar: el mayor error consiste en admitir un "alma" que reproduce, reconoce, etcétera, intemporalmente: en este punto yo no puedo hacer venir el recuerdo, la voluntad es impotente, como en la aparición de un pensamiento. Sucede algo de que yo me doy cuenta, luego sucede algo semejante: ¿quién lo llama, quién lo despierta?

(502).Todo el mecanismo del conocimiento es un aparato de abstracción y simplificación, no encaminado al conocer, sino a adquirir poder sobre las cosas; "fin" y "medio" están tan lejos de la esencia como los "conceptos". Con "fines" y "medios" nos apoderamos del proceso (se inventa un proceso que es palpable), pero con "conceptos" de las "cosas" que forman el proceso.

(503).La conciencia -empezando exteriormente, como coordinación y conciencia de las impresiones-, al principio muy lejos del centro biológico del individuo; pero un proceso que se profundiza, se interioriza, que se acerca constantemente a dicho centro.

(504).Nuestras percepciones, como nosotros las comprendemos, es decir, la suma de todas las percepciones, cuya conciencia progresiva fue útil y esencial a nuestro organismo y a todo el proceso anterior a nuestro organismo; por consiguiente, no todas las percepciones en general (por ejemplo, no las eléctricas), es decir, que nosotros tenemos sensibilidad únicamente para ciertas clases de percepciones: aquellas que necesitamos para nuestra conservación.
Somos conscientes en la medida que la conciencia nos es útil. No hay duda que todas las percepciones sensibles están afectas a juicios de valor (útil y perjudicial, por consiguiente, agradable y desagradable). Cada color expresa también un valor para nosotros (si bien raras veces o sólo después de un largo y exclusivo actuar del mismo color, lo confesamos; por ejemplo, el prisionero en la cárcel o el que se ha extraviado) : Del mismo modo, los insectos reaccionan de distintos modos a los distintos colores: unos aman éstos, otros aquéllos, por ejemplo, las hormigas.

(505).Primero las imágenes -explicar cómo nacen las imágenes en el espíritu-. Luego las palabras aplicadas a las imágenes. Finalmente los conceptos, que sólo son posibles cuando hay palabras -una síntesis de muchas imágenes bajo algo no intuitivo, sino sonoro (palabra)-. El pequeño efecto emocional que produce la "palabra", por consiguiente al intuir imágenes semejantes para las cuales existe una palabra, esta tenue emoción es lo común, el fundamento del concepto-. El hecho básico es que ciertas débiles emociones son puestas como semejantes, sentidas del mismo modo. Por lo tanto, la confusión de dos sensaciones completamente vecinas en la comprobación de estas sensaciones; pero ¿quién comprueba? La creencia es lo originario ya en toda impresión sensible: una especie de afirmación como primera actividad intelectual. Un "tener por verdadero" en principio. Por consiguiente: ¿cómo nace este "tener por verdadero"? ¿Qué sensación hay detrás de "verdadero"?

(506).La valoración: "yo creo que esto y aquello es así", como esencia de la "verdad". En la valoración se expresan condiciones de observación y de crecimiento. Todos nuestros órganos de conocimiento y nuestros sentidos sólo se desarrollan en relación con ciertas condiciones de conservación y de crecimiento. La confianza en la razón y sus categorías, en la dialéctica, es decir, la valoración de la lógica, sólo demuestra la utilidad de ésta para la vida, demostrada por la experiencia: pero no su "verdad".
Los supuestos cardinales de todo lo vivo y de su vida son: un cierto número de creencias, la posibilidad de juzgar, la ausencia de dudas sobre todos los valores esenciales. Por consiguiente, lo necesario es que algo deba ser tenido por verdadero, no que algo sea verdadero.
"El mundo verdad y el mundo apariencia" -esta oposición es referida por mí a las relaciones de valores-. Nosotros proyectamos nuestras condiciones de conservación como predicados del ser en general. El hecho de que nosotros debamos tener estabilidad en nuestra fe para medrar nos lleva a imaginar el mundo verdadero como un mundo inmutable, no como un mundo que varía y que deviene.

e) NACIMIENTO DE LA RAZON Y DE LA LOGICA

(507).Caos originario de representaciones. Las representaciones que se alían unas a otras subsisten; la mayoría, en cambio, desaparece y sucumbe.

(508).El reino de los apetitos, del cual ha surgido la lógica: el instinto de rebaño en el fondo. La admisión de casos iguales presupone "almas iguales". Con fines de comprensión y de dominio.

(509).El nacimiento de la lógica. La inclinación fundamental a igualar y a ver las cosas iguales es modificada, refrenada por la utilidad y el perjuicio por el éxito: fórmase una adaptación, una suavización, dentro de las cuales se puede satisfacer dicha inclinación, sin negar la vida ni ponerla en peligro. Todo este proceso corresponde exactamente a aquel otro proceso exterior, mecánico (cuyo símbolo es), por medio del cual el plasma constantemente iguala lo que se asimila y lo distribuye y ordena en sus formas y series.

(510).Igualdad y semejanza.
1) El órgano más grosero ve muchas igualdades aparentes.
2) El espíritu quiere igualdad, es decir, quiere subsumir las impresiones de los sentidos bajo una serie ya existente: así como el cuerpo se asimila a lo inorgánico.
Para la inteligencia de la lógica:
La voluntad de igualdad es voluntad de poder -la creencia de que algo es de esta o de la otra manera (esencia del juicio) -; es la consecuencia de una voluntad; debe haber tantos iguales como sea posible.

(511).La lógica está ligada a la condición y al supuesto de que hay casos idénticos. Taxativamente, para que pueda haber lógica, se debe convenir o fingir que esta condición y este supuesto se dan. Es decir: que la voluntad para la verdad lógica sólo puede realizarse después de haber admitido una falsificación fundamental de todos los hechos. De donde se deduce que aquí rige un instinto que es capaz de las dos cosas: primero de la falsificación y luego de la realización de su punto de vista; la lógica no procede de la voluntad de verdad.

(512). La fuerza de invención que ha imaginado las categorías trabaja al servicio de la necesidad o de la seguridad de una rápida comprensión, a base de signos y de sonidos, es decir, de signos de abreviatura -no se trata de verdades metafísicas en los conceptos de sustancia, sujeto, objeto, ser, devenir-. Los poderosos son los que han impuesto los nombres a las cosas, y entre los poderosos, los más grandes artistas de la abstracción son los que han creado las categorías.

(513).Una moral, es decir, un género de vida demostrado y probado por una larga experiencia y un largo examen, acaba por llegar a la conciencia en forma de ley, bajo una forma dominante. . . Y por este medio, toda la agrupación de valores y de condiciones similares, entra en su círculo: esta moral se hace venerable, intangible, sagrada, verdadera; forma parte de su evolución el ser olvidado su origen; es un signo de que se ha erigido en ama. . .
Lo mismo podría suceder con las categorías de la razón: después de muchos ensayos y tanteos, éstas habrían podido hacer su prueba por una utilidad relativa. . . Llegó un momento en que se las pudo resumir, hacerlas valer a la conciencia en su conjunto -en que se mandó sobre ellas, es decir, en que ellas obraban como si mandasen... Desde entonces pasaron por ser "a priori", por estar más allá de la experiencia, por ser indemostrables. Y, sin embargo, no expresan quizá otra cosa más que una cierta finalidad de raza y de especie -su verdad no consiste más que en su utilidad.

(514).No "conocer", sino esquematizar, imponer al caos bastante regularidad y suficiente número de formas para satisfacer nuestras necesidades prácticas.
En la formación de la razón y de la lógica, de las categorías, la necesidad ha dado la medida; la necesidad no de "conocer", sino de comprender, de resumir, de esquematizar, en vista de la inteligencia del cálculo... (El arreglo, la interpretación de las cosas semejantes, iguales; el mismo proceso que sufre toda impresión de los sentidos es el desarrollo de la razón). No es una "idea" pre-existente la que trabaja aquí, sino la utilidad; las cosas no son evaluables y manejables para nosotros, sino cuando las vemos groseramente e iguales unas a otras.. . La finalidad en la razón es un efecto y no una causa: la vida disuade de toda otra especie de razón hacia la cual haya esfuerzos constantes; entonces se hace poco clara, demasiado desigual.
Las categorías no son "verdades" sino en el sentido de que son para nosotros condiciones de existencia; del mismo modo que el espacio de Euclides es una "verdad condicionada" de este género. (Como nadie sostendrá que haya necesidad absoluta de que haya precisamente hombres, la razón, lo mismo que el espacio de Euclides, es una simple idiosincrasia de ciertas especies animales, una sola idiosincrasia al lado de tantas otras... ).
La coacción subjetiva que impide contradecir aquí es una coacción biológica: el instinto de la utilidad que hay en concluir como concluimos se ha convertido para nosotros en una segunda naturaleza, así "somos" este instinto...
Pero ¡qué ingenuidad querer sacar de aquí la demostración de que poseemos una verdad en sí! El hecho de no poder contradecir es la prueba de una incapacidad y no de una "verdad".

(515).No podemos afirmar y negar al mismo tiempo una sola y misma cosa: éste es un principio de experiencia subjetiva; no es una "necesidad", sino solamente una imposibilidad.
Si, según Aristóteles, el "principium contradictionis" es el más cierto de todos los principios, si es el último, el que se encuentra en la cima y hasta el cual se remontan todas las demostraciones; si el principio de todos los demás axiomas reside en él, estaríamos en el caso de considerar tanto más severamente cuantas afirmaciones "supone". O bien se afirma por él algo que concierne a la realidad, el ser, como si tuviésemos ya conocimiento de éste por otros medios; es decir, que no se le pueden prestar atributos contrarios. O bien, la proposición significa que no se le debe aplicar atributos contrarios. Entonces la lógica sería un imperativo, no para el conocimiento de la verdad, sino para fijar y acomodar un mundo "que nosotros debemos llamar verdadero".
En resumen: la cuestión queda en pie; los axiomas lógicos ¿son adecuados a la realidad, o bien son medios y medidas para crear a nuestro uso las cosas reales, el concepto "realidad"? ... Ahora bien: para poder afirmar lo primero sería preciso, como ya indiqué, conocer el ser; lo que no es el caso de que se trata. El principio no contiene, pues, un criterio de verdad, sino un imperativo sobre lo que debe pasar por verdadero.
Admitiendo que esta A, idéntica a sí misma, tal como la admite todo principio de lógica (y también la matemática), no existe; admitiendo que esta A es ya una apariencia, sería preciso concluir que la lógica no tendría por condición más que un mundo: apariencia. En realidad, nosotros creemos en este principio bajo la impresión de un empirismo infinito que parece confirmarlo constantemente. El "ens" es la verdadera base de A; nuestra fe en las cosas es la primera condición para la fe en la lógica. El A de la lógica es como el átomo de una reconstitución de la "cosa". . . Cuando no se comprende esto y se hace de la lógica un criterio del ser verdad, estamos ya en trance de considerar realidades todas estas hipótesis: sustancia, atributo, objeto, sujeto, acción, etcétera, es decir, de concebir un mundo metafísico, un "mundo-verdad" (pero éste es una repetición del mundo de las apariencias...) .
Las acciones primitivas del pensamiento: la afirmación y la negación, el tener algo por verdadero, el tener algo por falso, en cuanto no presumen solamente un hábito, están ya dominadas por la creencia de que el conocimiento existe para nosotros, que el juicio puede realmente alcanzar la verdad; en resumen: la lógica no duda que puede anunciar algo con motivo de lo que es verdadero en sí (es decir, que a lo que es verdadero en sí no le puede prestar atributos contrarios).
Aquí reina el grosero prejuicio sensualista, que quiere que las sensaciones nos enseñen verdades sobre las cosas; nos enseña que no podemos decir al mismo tiempo del mismo objeto que es duro y que es blando. (La demostración instintiva "ya no puede tener al mismo tiempo dos sensaciones contrarias": es grosera y totalmente falsa).
La prohibición de contradecirse en los conceptos parte de la creencia de que nosotros podemos formar conceptos, de qué un concepto no designa solamente la esencia de las cosas, sino que la abarca... De hecho, la lógica (como la geometría y la aritmética) no se aplica más que a seres figurados que nosotros hemos creado. La lógica es la tentativa de comprender el mundo verdadero bajo un esquema del ser fijado por nosotros; más exactamente: de ponernos en condiciones de formular y de determinar el mundo verdadero. . .

Ir a Datos de la Ilustración(516). Para poder pensar y razonar es necesario admitir la existencia del ser. La lógica no maneja más que fórmulas que corresponden a cosas estables. Por eso esta admisión no tendría aún ninguna fuerza de demostración respecto de la realidad; lo que "es" forma parte de nuestra óptica. El "yo" considerado como "siendo" (no tocado por el devenir ni por la evolución).
El mundo imaginario del sujeto, de la sustancia,. de la razón, etcétera, es necesario. Hay en nosotros una facultad ordenadora, simplificadora, que falsea y separa artificialmente. "Verdad" es la voluntad de hacerse dueño de la multiplicidad de las sensaciones -seriar los fenómenos sobre determinadas categorías-. En esto partimos de la creencia de que las cosas tienen un "en sí" (tenemos a los fenómenos por reales).
El carácter del mundo que está en su devenir no es "formulable", es falso, se contradice. El conocimiento y el devenir se excluyen. Por consiguiente, es preciso que el "conocimiento" sea otra cosa; es preciso que una voluntad de hacer conocible preceda: una especie de devenir debe crear la ilusión del ser.

(517).¿Y si nuestro yo fuera el único ser a semejanza del cual creásemos o comprendiésemos todos los seres muy bien? Entonces nace la duda de si no se dará aquí una ilusión de perspectiva -la aparente unidad en que nosotros resumimos todo como en la línea de un horizonte-. Esta guía que tenemos en nuestro cuerpo nos demuestra una infinita multiplicidad; metódicamente es lícito utilizar como guía los fenómenos más complejos para el estudio de los más sencillos. Finalmente, si suponemos que todo es devenir, el conocimiento sólo es posible a base de la creencia en el ser.

(518).Si sólo hay un ser: "el yo", y todos los demás seres están forjados a su semejanza; si, finalmente, la creencia en el yo coincide en el fondo con la creencia en la lógica, es decir, en la verdad metafísica de las categorías de la razón; si, por otra parte, el ser se nos manifiesta como algo que está constantemente en devenir, entonces...

(519). El continuo devenir no nos permite hablar de individuos, etcétera; el número de los seres cambia constantemente. No sabríamos nada de tiempo ni de movimiento si no creyéramos ver, por un error grosero, cosas inmóviles al lado de cosas que se mueven. Tampoco comprenderíamos la causa y el efecto, y sin la errónea concepción de un espacio vacío no hubiéramos llegado nunca a la concepción del espacio. El principio de identidad tiene como fondo la apariencia de que hay cosas iguales. Un mundo en devenir no podría ser comprendido en el sentido estricto de la palabra; sólo en cuanto el intelecto que comprende y que conoce encuentra un mundo previamente creado por un procedimiento grosero, construido de meras apariencias; sólo en cuanto este género de apariencias ha recibido la vida, sólo en tanto, hay algo como conocimiento; es decir, un medir los antiguos errores unos con otros.

(520) PARA LA APARIENCIA LOGICA.
La idea de "individuo" y la idea de "especie" son igualmente falsas y sólo aparentes. La "especie" expresa solamente el hecho de que una multitud de seres análogos se presentan al mismo tiempo y que la marcha en el desarrollo y la transformación está retardada durante largo tiempo: de suerte que los pequeños cambios y los pequeños aumentos que se realizan efectivamente no entran casi en línea de cuenta (una fase del desarrollo en que el hecho de desarrollarse no se hace visible, de suerte que parece existir un perfecto equilibrio, lo que facilita la falsa idea de que el fin es alcanzado y que ha habido un fin en la evolución... ).
La forma aparece como algo duradero y, por consiguiente, como algo precioso; pero la forma ha sido inventada por nosotros, y nada más que por nosotros; y cualquiera que sea el número de veces en que se realiza la misma forma, esto no significa ni mucho menos que sea la misma -pues siempre aparece algo nuevo-, y nosotros, que comparamos, somos los únicos que adicionamos lo que es nuevo, en cuanto es semejante a lo antiguo, para añadirlo a la únidad de la forma. Como si debiera ser alcanzado un tipo particular, como si este tipo sirviera de modelo y de ejemplo a la formación.
La forma, la especie, la ley; la idea, el fin -siempre se comete la misma falta de sustituir a una ficción una falsa realidad: como si lo que llega tuviese la obligación de obedecer a una orden cualquiera-; se hace una separación artificial entre lo que obra y aquello según lo cual se dirige la acción (pero el "qué" y el "'según qué" no son fijados sino para obedecer a nuestra lógica metafísicodogmática: éstos no son hechos).
No hay que interpretar la coacción que nos lleva a formar conceptos, especies, formas, fines y leyes ("un mundo de casos idénticos") , en el sentido de que, por este medio, podríamos fijar el mundo-verdad; por el contrario, la necesidad de disponer para nuestro uso un mundo en que nuestra existencia sea posible, crea de esta manera un mundo que es determinable, simplificado, comprensible para nosotros.
La misma coacción existe en la actividad de los sentidos que sostiene la razón -por la simplificación, el aumento de tamaño, la acentuación y la interpretación- sobre que reposa todo "reconocimiento", toda posibilidad de hacerse inteligible. Nuestras necesidades han precisado de tal modo nuestros sentidos, que el mismo mundo de las apariencias reaparece siempre y toma así la apariencia de la realidad.
La coacción subjetiva que nos hace creer en la lógica explica simplemente que antes de haber tenido conciencia de la lógica misma no hemos hecho otra cosa que introducir sus postulados en lo que sucede; ahora nos encontramos en su presencia -no podemos hacer otra cosa- y nuestra imaginación toma esta coacción por una garantía de la verdad. Nosotros somos los que hemos creado la "cosa", la "cosa igual", el sujeto, el atributo, la acción, el objeto, la sustancia, la forma, después de habernos contentado durante mucho tiempo con igualar, con hacer groseras y simples las cosas. El mundo nos aparece lógico porque hemos empezado antes por logificarle nosotros.

(521). Solución fundamental: Nosotros creemos en la razón, pero ésta es la filosofía del concepto incoloro. El lenguaje está edificado sobre los prejuicios más ingenuos.
Luego vemos desarmonías y problemas en las cosas porque pensamos en forma lingüística; por lo que creemos en la "eterna verdad" de la "razón" (por ejemplo, sujeto, predicado, etcétera).
Cesamos de pensar, si no queremos circunscribirnos en las normas lingüísticas, y llegamos a la duda de ver aquí un límite como límite.
El pensamiento racional es una interpretación conforme a un esquema del que nosotros no podemos prescindir.